espectacular. El verano fue todo el contrario: temperaturas relativamente bajas con lluvias y tormentas frecuentes que disminuyeron el ritmo de crecimiento.

Por supuesto que los "moselanos" nos quejamos de un verano casi inexistente, pero este hecho no influyó en la futura calidad de las uvas, puesto que en verano, las vides realizan fundamentalmente su crecimiento vegetal, dejando para el otoño el desarrollo de las uvas.

A medianos de Septiembre el buen tiempo volvió y nos regaló un otoño de oro con temperaturas diurnas muy agradables, días soleados y noches muy frías, un tiempo ideal para lograr los típicos vinos del valle del río Mosel !

Ahora los vinos reposan ya en la tranquilidad de bodega, camino a convertirse en grandes vinos, afianzando su carácter fresco y sus incomparables matices minerales.

Deseamos que los disfruten.

Alexander Barzen

 
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